«EGB: La Generación que el mundo actual no podría entender»





Hubo un tiempo en que el año escolar no se medía por trimestres, sino por el olor a goma de borrar Milan y el tacto de los libros de Santillana. Para toda una generación de españoles, las siglas EGB (Educación General Básica) son mucho más que un plan educativo que duró de 1970 a 1990; son el escenario de la infancia, un territorio compartido donde la inocencia y el pupitre de madera iban de la mano.

La EGB nació en el tardofranquismo con la Ley General de Educación de 1970 y se estiró hasta bien entrada la democracia. Vivió una auténtica transformación: se pasó de las aulas separadas por sexos y las enciclopedias Álvarez a la coeducación, los mapas políticos de una Europa que cambiaba de color y los cuadernillos Rubio para mejorar la caligrafía.

Era una escuela sin pantallas táctiles, donde el máximo avance tecnológico era el retroproyector de transparencias o el radiocasete para las clases de música.

El «Aparato» Escolar: Iconos de una Era

Hablar de la EGB es activar un resorte de recuerdos colectivos perfectamente archivados:

  • El material: El estuche de tres pisos con cremallera, los lápices Alpino (¡el drama de que se rompiera la punta del blanco!), el portaminas Inoxcrom y la mítica goma Milan 430 (o la de nata, que daban ganas de comérsela).

  • Los libros: Las portadas de los libros de Senda (Lengua) o Anaya. Aquellas lecturas que todos memorizábamos y los problemas de trenes que salían de Madrid a Barcelona a distintas velocidades.

  • El recreo: El patio era el verdadero ecosistema social. Se jugaba a las canicas, al rescate, a la comba, a la goma, al «churro, media manga, manga entera» o a los cromos de fútbol y de series de televisión. Todo esto alimentado por un bocadillo de Nocilla o de chopped, y un yogur Danone de cristal.

Un Veredicto de Ocho Años

La gran frontera de la EGB estaba en 6º curso. Ahí se dejaba atrás la infancia temprana para entrar en la «segunda etapa». El examen final no era una prueba selectiva, sino el propio día a día para conseguir el ansiado Graduado Escolar. Quien lo lograba, pasaba al BUP (Bachillerato Unificado Polivalente); quien no, se dirigía hacia la FP (Formación Profesional).

Memoria colectiva: La EGB no era perfecta. Había masificación en las aulas (a veces más de 40 alumnos por clase) y los métodos de castigo de algunos profesores hoy serían impensables. Sin embargo, logró crear una cultura popular idéntica para millones de niños, sin importar su código postal.

Hoy, la EGB es un emoji de nostalgia, un grupo de Facebook nostálgico y el recuerdo de una época en la que las rodillas siempre estaban rascadas, las mochilas pesaban una tonelada y el futuro era algo que se escribía con tiza en una pizarra verde.