El día que España 82 «se rompió»: El caótico sorteo de los bombos de la lotería
Música de sintetizador, hombreras, la sonrisa de Naranjito en cada rincón y un país entero con ganas de demostrarle al mundo que éramos modernos. España se preparaba para organizar su ansiado Mundial de Fútbol de 1982. Sin embargo, la primera gran prueba de fuego no fue en el césped, sino en un escenario.
El 16 de enero de 1982, el Palacio de Congresos de Madrid acogió el sorteo de los grupos. Se retransmitía en directo para más de 30 países. ¿Qué podía salir mal? Absolutamente todo. Esta es la historia del sorteo más disparatado, accidentado y entrañable de la historia de los Mundiales.

«¡Traigan los bombos de Navidad!»
Para el torneo de 1982, la FIFA ampliaba por primera vez el cupo a 24 selecciones, lo que complicaba las matemáticas del sorteo. Buscando dar una imagen de tradición patria y máxima transparencia, la organización decidió no usar las clásicas copas de cristal con manos inocentes. En su lugar, instalaron los gigantescos y pesados bombos mecánicos de la Lotería Nacional y llamaron a los mismísimos niños de San Ildefonso para cantar las bolas.
La idea parecía perfecta sobre el papel, pero nadie pensó en la física: las bolas de fútbol eran mucho más grandes que las de la lotería y los bombos no estaban diseñados para esa presión.
Crónica de un desastre televisado
El ambiente era de gala, con el entonces Príncipe Felipe en el palco y un joven Joseph Blatter (por aquel entonces secretario general de la FIFA) al micrófono. Pero a los pocos minutos de arrancar, el «futuro automatizado» chocó contra la realidad.
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Bolas rebeldes y atascadas: El mecanismo empezó a fallar. De repente, una de las bolas se quedó atascada en la trampilla de salida. Tras unos segundos de tensión, la bola de Honduras cayó al fin… pero partida literalmente por la mitad. Los niños de San Ildefonso, incapaces de contener los nervios, soltaron carcajadas en directo mientras los operarios intentaban arreglar la máquina con un palo de madera.

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Segunda rotura: Minutos más tarde, la bola de Austria sufrió el mismo destino, saliendo cuarteada del bolillero.
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El lío monumental de los cruces: Para evitar que las selecciones sudamericanas coincidieran en los mismos grupos, la FIFA había diseñado unas normas de asignación complejas. Los encargados se hicieron un lío monumental con los bombos y colocaron erróneamente a Bélgica y Escocia en grupos que no les correspondían. Entre silbidos del público, gritos de las delegaciones internacionales y llamadas de atención de los periodistas, tuvieron que parar el sorteo, deshacer el entuerto y recolocar las bolas a mano.
Así quedaron los grupos tras la tormenta
A pesar de los sudores fríos de los organizadores y de una realización televisiva que no sabía dónde apuntar las cámaras para esconder el caos, el azar (y los palos de madera) terminaron de dictar sentencia. España, que partía como cabeza de serie, quedó encuadrada en un grupo aparentemente amable, aunque luego el campo diría otra cosa.
| Grupo | Selecciones |
| Grupo 1 | Italia, Polonia, Perú, Camerún |
| Grupo 2 | Alemania Federal, Argelia, Chile, Austria |
| Grupo 3 | Argentina, Bélgica, Hungría, El Salvador |
| Grupo 4 | Inglaterra, Francia, Checoslovaquia, Kuwait |
| Grupo 5 | España, Honduras, Yugoslavia, Irlanda del Norte |
| Grupo 6 | Brasil, Unión Soviética, Escocia, Nueva Zelanda |
La leyenda urbana de las «bolas calientes»: Obviamente, el esperpento de los bombos desató ríos de tinta. La prensa internacional acusó a la organización de intentar manipular los emparejamientos. La realidad fue mucho más ochentera y cañí: una mezcla de falta de ensayos, exceso de confianza tecnológica y unos bombos que solo servían para repartir millones en Navidad.
Aquella noche, España entera se fue a la cama con una mezcla de vergüenza y risa, pero con la certeza de que el Mundial de Naranjito iba a ser, desde luego, inolvidable.
